Hormigón y objetos rotos para no olvidar a las víctimas del Holocausto

08/Abr/2015

Clarín, Por Susana Reinoso

Hormigón y objetos rotos para no olvidar a las víctimas del Holocausto

Zapatos, vestidos, coladores, radios, muñecos,
herramientas, paraguas… Objetos destruidos para reconstruir la memoria y
cerrarle el paso al olvido. El Monumento Nacional a la Memoria de las víctimas
del Holocausto está listo para ser inaugurado en una plaza a poca distancia de
la mezquita islámica, en la intersección de las avenidas Libertador y Bullrich.
Es una obra en hormigón compuesta por 114
cubos –en representación de las 113 vidas que se cobraron los atentados de la
Embajada de Israel y la AMIA– donde los objetos que componen la geografía de la
vida humana, en todas sus etapas, aparecen estampados en siluetas
identificables: un delantal de cocina, un vestido de niña, una radio, unos
auriculares, una cámara de fotos… cosas que a diario pasan inadvertidas, pero
que cuando el hombre, la mujer, el niño, el anciano ya no están, cobran la
fuerza de una presencia.
Proyectado y construido por los arquitectos
Gustavo Nielsen y Sebastián Marsiglia, con un presupuesto de 4,4 millones de
pesos, aportados por el Ministerio de Cultura de la Nación (el gobierno porteño
edificó la plaza con un costo de dos millones de pesos), el memorial tiene por
meta enfatizar la ausencia del ser humano a través de esas huellas impresas en
las piedras.
En diálogo con Clarín, Nielsen –que además es
escritor y Premio Clarín de Novela– dijo que “los objetos fueron destruídos
para poder ser huellas en estas piedras. Son como fósiles urbanos expresados
desde un registro poético, no histórico”. La parte histórica se ve en tres
cubos negros: uno da nombre al memorial, otro tiene una estrella de David y el
tercero tiene inscripto el año de la creación: 2014, según el calendario
gregoriano y 5775, según judío.
Nielsen y Marsiglia entregaron el final de
obra el pasado 8 de febrero. La inauguración aún no se ha producido. Nielsen
asegura que la voluntad del gobierno nacional es inaugurarlo “próximamente”.
Falta acordar una fecha entre el Gobierno de la ciudad, responsable de la
plaza, y el Gobierno nacional, custodio del monumento. Pero no es el único
obstáculo: la muerte del fiscal de la causa AMIA, Alberto Nisman, hizo que se
tensaran las relaciones entre las dos
entidades representativas de la colectividad judía (DAIA y AMIA) y el Gobierno
nacional.
Nielsen y Marsiglia ganaron un concurso
internacional entre 70 proyectos, impulsados por las embajadas de Israel y
Alemania, el Museo de la Shoá, y los gobiernos mencionados, en 2009.
Finalmente, en 2013, se edificó la plaza y el 
año pasado se puso en marcha el monumento. Primero realizaron moldes en
caucho siliconado, con el apoyo de diseñadores gráficos, industriales y
constructores. Luego el molde se volcó en la piedra y así se fueron imprimiendo
las siluetas que dan cuenta de una cultura diezmada durante el nazismo.
“Es cierto que es una obra dedicada al
Holocausto, pero el registro poético hace que abarque todos los genocidios y
crímenes de lesa humanidad. Hicimos, para la recolección de objetos, una
campaña de donación a través de Facebook y fue increíble la participación de la
gente, todo el mundo quería ser parte del monumento”. Y así fue como llegaron
los objetos que eran endurecidos con yeso o alginato (de uso frecuente en
odontología) para seguir su proceso de moldeado.
El proyecto tiene largo alcance: hay además un
documental en marcha, a cargo del cineasta Fernando Díaz, y un libro en
producción. Ambos dan cuenta del proceso de creación del memorial y también
contienen los nombres de los donantes anónimos que ofrecieron objetos queridos
para ser parte de algo que venciera al tiempo.